Día 7: Ríos

Una de las cosas importantes que estamos aprendiendo estos días es que si tod@s actuamos intentando beneficiar a la Madre Tierra aunque sea con pequeños gestos, esa aportación que cada uno hagamos unida a la de más personas puede ser un “mucho”. Empezando desde casa, nuestro pueblo, nuestra ciudad,… esa acción se extenderá haciendo bien al mundo entero.

Y por fín el esperado día: vivac, la aventura nos esperaba!. Así pues tras aprender con un bonito vídeo por qué podemos hablar del Río Viviente, ultimamos nuestras mochilas con todo lo necesario y emprendimos la marcha. Cubiertos por un cielo encapotado pero que daba al día una magia especial, nuestros pasos nos llevaron a un enclave que iba a ser toda una sorpresa: la Cueva de las Palomas. Allí nos esperaba una potente poza de agua fría que recompensaría el esfuerzo realizado hasta llegar a ella.

En una esplanada cercana a la poza comimos un rico arroz al horno, muy típico de esta comunidad. Y tras descansar un ratito disfrutamos del lugar y la compañía con unos cuantos juegos, ¡cuánto nos reímos!. Fijaros qué lugar más bonito, en la foto adjunta se puede ver una de las paredes de la Cueva que el tiempo ha esculpido de tal manera que parece una cabeza de caballo, ¡asombroso!.

Continuamos nuestra ruta atravesando el Río Juanes. Hicimos una paradita para  conocer este río un poquito más de cerca. Nos contaron todo lo referente a su vida:  de dónde viene el agua, a dónde va, qué sucede en cada una de sus partes y la repercusión que los humanos tenemos sobre esta fuente de vida que en ocasiones maltratamos.

Recorriendo paisajes muy bonitos en plena naturaleza llegamos a un paraje singular entre el bosque de ribera, una bella formación caliza y un antiguo balneario, que iban a ser los mudos testigos de la noche de vivac.

Antes de cenar, preparamos el terreno y colocamos cuidadosamente el lugar que iba a ser nuestra cama esa noche. Quedó muy chulo, pues estábamos todos juntitos, a lo largo de una esplanada, como si estuviéramos en una gran habitación, ¡con monis y todo!.

Pero…  la auténtica aventura nos esperaba. Tras la cena, nos instalamos en una esplanada todos juntit@s y allí estuvimos escuchando historias, cuentos, canciones,… Claus nos contó una bonita historia de un duende, Triki, y nos hizo recordar que los deseos se hacen realidad, y que hemos de poner empeño en aquello que queremos conseguir porque lo alcanzaremos… Y fue entonces cuando empezamos a sentir unas suaves gotitas de agua sobre nuestra piel, ¡estaba lloviendo!.

L@s monitores nos llevaron a una cueva muy acogedora donde esta vez los que contábamos éramos nosotros. ¡Salían chistes hasta de debajo de las piedras,jajajaja!. Estábamos muy a gustito pero por grupos tuvimos que ir abandonando el lugar para volver al albergue, dormir bajo techo y soñar con un lindo mundo en el que las gentes son más respetuosas con la Madre Naturaleza.

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